Al Calor Político




VISÍTANOS DESDE TU MÓVIL
Al Calor Deportivo

Chivas, goleado en su casa ante Santos

151122santos
El Rebaño Sagrado no metió las manos en la derrota 0-3

El Universal

Como en las Semifinales del torneo pasado. Mismo rival. Idéntico 3-0 en contra. Similar desastre. Sólo que esta vez, ni siquiera hay Liguilla. Guadalajara se despide del Torneo Apertura 2015 con una goleada sufrida en casa, donde el público abuchea a un cuadro desangelado, sin ganas de estar en el campo, en apariencia deseoso de bajar la cortina e irse de vacaciones…

Los rojiblancos encaran este duelo, el último de la fase regular, con nulo espíritu. Se asoma un fantasma en la cancha del Estadio Omnilife. No el del descenso, que se definirá hasta el término de la siguiente campaña, sino el del pasado. Chivas se ve tan parecido al de versiones anteriores, que espanta. El mismo equipo sin alma que se metió en problemas porcentuales aparece de nuevo sobre el césped.

Y hay motivos para asustarse desde el principio. Apenas al minuto dos, Djaniny Tavares remata cruzado, dentro del área, para que Antonio Rodríguez control, con dificultades, a dos tiempos. La respuesta del Guadalajara es un disparo desde afuera del área, de Carlos Salcido, que Agustín Marchesín saca con un vuelo espectacular, al ‘6.

Después, muestra de la desconcentración total del Rebaño Sagrado. Miguel Ponce pierde el balón en la salida. La redonda llega hasta el costado izquierdo tras pasar entre las piernas de Raúl López, que queda mal colocado, fuera de su posición. Bryan Rabello controla y entra al área rival.

Carlos Salcido sale a su paso. Lleva las manos atrás. La marca es complaciente. Permite al santista superarlo con facilidad. El recorte es hacia el centro. El “Pocho” Ponce no puede hacer el relevo adecuadamente. Su barrida, igual que la de Jair Pereira, es infructuosa. Rabello patea con potencia. Al ángulo. Gol visitante, al ’33.

y el Rebaño Sagrado luce como antes. Está eliminado de toda posibilidad de calificar. Pero ha olvidado que los tres puntos son importantes para el descenso. Se aparece el fantasma del pasado. El mismo funcionamiento inoperante. Las mismas distracciones. El mismo equipo incapaz de levantarse.

En la última jugada del primero tiempo, los laguneros pueden incrementar la ventaja, pero “Toño” Rodríguez araña un tiro libre de Néstor Calderón. Desvía lo suficiente para que pegue en el travesaño y abandone el campo. El árbitro Luis Enrique Santander ya no deja que se cobre el tiro de esquina. Manda a los equipos al descanso.

En el arranque del complemento, derrumbe total. La defensa no existe. Calderón, por el costado derecho, levanta la mirada sin presión. Centro al corazón del área. Marco Fabián deja de seguir a Javier Abella, quien se levanta y conecta de cabeza, al poste contrario. Deja parado a Rodríguez. Gol de Santos. El 2-0 que “mata”, al ’50.

Cuatro minutos más tarde, la debacle. Djaniny Tavares dispara desde el costado derecho. Jair Pereira intenta tapar. El rebote queda en pies de César Ibáñez. Junto a él, Raúl López y Carlos Salcedo. Ninguno alcanza a cerrar. El visitante tiene tiempo y espacio. Define con tranquilidad. Es el 3-0 para los laguneros.

No hay más esperanza para el Guadalajara, que ve pasar los minutos sin reacción suficiente. Un disparo de Michael Pérez que busca la base del poste es tapado a una mano por Agustín Marchesín, al ’58. Eso es todo el “peligro” que es capaz de generar el conjunto de Matías Almeyda.

Francisco Ayestarán observa desde la línea lateral la goleada de su equipo. Todavía se le va el cuarto al ’68, cuando Rodríguez vuela de forma efectiva para sacar del ángulo un gran disparo de Néstor Calderón. El marcador ya no se mueve. Es un lapidario 3-0. Pero pudo ser peor. Chivas se despide del Apertura 2015 de la peor manera.

Como si se tratara de una historia escrita por Charles Dickens, el Guadalajara ha sido visitado en su casa por el fantasma del pasado, para advertirle en el presente, que su futuro puede ser un caos… si no enmienda el rumbo, porque jugando así, Chivas es candidato a toparse no con otro fantasma, sino con un demonio: el del descenso.