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El último sobreviviente del Celaya del «Buitre»

Don Alfonso Vargas pertenece al Celaya desde 1994 y vivió la época gloriosa del club, además las piernas de Butragueño, Hugo Sánchez y Míchel...

Don Alfonso Vargas está en el club Celaya desde 1994. Por sus manos —es el masajista y también ayuda en la utilería—, ha pasado gran historia del club guanajuatense, porque en ellas estuvieron las piernas de Emilio ButragueñoHugo Sánchez y Miguel González Michel, quienes en los 80 y 90, revolucionaron el futbol mundial con el Real Madrid y acabaron su carrera con los cajeteros.

Sí, don Poncho es el único que sobrevive a la época gloriosa de los Toros, principalmente cuando, de la mano del Buitre, el equipo llegó a la final en la campaña 1995-96. “Fueron buenos tiempos”, recuerda don Poncho, un decano, al que todos miran con respeto.

—¿En serio compartió equipo con Emilio Butragueño? “Sí, con EmilioHugo y Míchel… los tres eran unos monstruos”… Y pasaron por sus manos. Eran mediados de los 90, el Atlético Celaya apenas había subido a Primera División, y de pronto se oyó el rumor, “va a venir Butragueño… Creíamos que era un rumor para vender, pero no, que va llegando. Un personaje de ese tipo, una figura a nivel mundial”.

Todos pensaban que el Buitre vendría en plan de figura, con grandes exigencias, pero no, “es una persona muy sencilla, que se adecuaba a lo que nosotros teníamos”. Poco se quejaba, “yo lo atendía, le daba su masaje, pero como no había posibilidades de tener un lugar adecuado, decía: ‘esto no es correcto’, pero bueno, se tuvo que adecuadar a lo que teníamos”.

Emilio Butragueño le gustaba mucho la ciudad, “era muy serio, con nosotros, no hablaba mucho de futbol, pero sí de dónde vivía, le gustaba mucho la comida, la fruta, la gente… Nos decía que estaba a gusto en México”.

Y después vino Hugo, y Míchel. “Todos unos señores, con mucha cultura, que nos aportaron muchas cosas”. Hugo tenía su masajista particular, pero no lo llevó a Celaya, “se acopló a lo que la directiva le daba, que era yo, pero era muy gente, muy amable. Siempre que salía a algún lado traía recuerdos a todos los empleados”.

Después de esa época, el equipo vino a menos descendió, casi desaparece, pero don Alfonso aquí sigue. “A la orden”, a la espera de ver a sus Toros resurgir como en aquellos años de gloria