Al Calor Deportivo

De la cárcel al estadio

El regreso al futbol profesional del arquero Bruno, que salió recientemente de la cárcel tras haber sido condenado años atrás por el brutal asesinato de una amante, generó una fuerte polémica en Brasil.

Bruno, actualmente de 32 años, se convirtió hoy en el centro de las críticas tras ser presentado el martes como flamante fichaje del Boa Esporte, de la segunda división del futbol brasileño.

El jugador había sido puesto en libertad días atrás después de cumplir casi siete años de los más de 22 a los que había sido condenado en 2013, gracias a un recurso presentado por su defensa. Ya la inesperada decisión de un juez del Tribunal Supremo de liberar al portero, acusado incluso de alimentar a los perros con el cadáver de una ex pareja, había causado entonces molestias.

Ahora, el Boa Vista recibió una lluvia de críticas en las redes sociales y cuatro patrocinadores retiraron su apoyo al club de Varginha en el estado de Minas Gerais, según reportó hoy el portal «GloboEsporte».

Decenas de mujeres protestaron asimismo en el centro de Varginha con pancartas por el fichaje de Bruno, llevando además simbólicamente la boca cubierta como si portaran el bozal de un perro.

«Estamos aquí para hablar de futbol», rechazó las críticas Bruno, que estuvo muy a la defensiva durante la conferencia de prensa en que le preguntaron por su papel como ejemplo para los niños.

«Las personas se corren de mí por lo que ocurrió en el pasado», reconoció luego. «El Boa está abriéndome las puertas», agregó.

Uno de los directivos del Boa Esporte se mostró hoy preocupado por las reacciones: «No esperaba una reacción negativa. Estamos haciendo un proceso de reintegración de una persona a la sociedad», dijo Rildo Moraes.

Bruno Fernandes de Souza era considerado en 2010 como uno de los arqueros de mayor proyección del país y candidato a hacerse en el futuro con la meta de la «canarinha». La trayectoria del entonces ídolo del Flamengo, que se proclamó campeón con el club carioca en 2009, se torció sin embargo cuando la Policía lo detuvo ese año por sospechas de que había mandado a asesinar a la modelo Eliza Samudio.

El futbolista, que estaba casado con otra mujer, había tenido poco antes un hijo con Samudio, que se negó a abortar y quería demandar al jugador para forzarlo a admitir la paternidad.

Las investigaciones de la Policía apuntaban entonces a que la modelo había sido secuestrada y maltratada ya en 2009, para intentar ocasionarle un aborto con medicamentos, y que su cadáver había sido entregado tras su asesinato un año después incluso como alimento a los perros.

También la mujer de Bruno, con la que éste tenía otros dos hijos, pasó seis años en la cárcel por el crimen.

El arquero ya había causado controversia con sus primeras declaraciones tras salir de la cárcel: «El tiempo que yo pase en la cárcel, incluso si fuese prisión perpetua, no iba a traer a Eliza de nuevo», dijo al canal de televisión «Globo».

El juez del Supremo Marco Aurélio Mello, por su parte, justificó su decisión hace tres semanas señalando que se habían excedido los plazos para responder a la apelación del jugador contra la sentencia, lo que autorizaba a que éste esperara la revisión en libertad.

«La función de la Corte es hacer prevalecer el orden jurídico y fue lo que hice. Mi posición no fue políticamente correcta», se justificó entonces el magistrado.