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Psycho Clown, veinte años de azotarse en los cuadriláteros

Psycho Clown llegó a los veinte años como luchador alejado de los reflectores

Acostumbrado a los aplausos y la idolatría, Psycho Clown llegó a los veinte años como luchador alejado de los reflectores, encerrado, al igual que el resto de su gremio.
Todo, menos rendido. Por el contrario, deseando la vuelta a los encordados, el sitio donde es más feliz, y en el que quiere celebrar conquistando un trofeo digno de su trayectoria. “Voy por otro gran reto, como la máscara de L.A Park o la cabellera de Rush”, advierte.

Cita, que al igual que el regreso a los cuadriláteros es impredecible, debido a la contingencia que tiene contra la lona al medio. “La crisis nos hace pensar diferente, reflexionar, soy una persona que lucha casi diario, todo el tiempo viajando, en la carretera, aeropuerto y aviones. Estando en casa todo cambia”.

Aunque no es un combate que le desagrada. “Nos va a ayudar a regresar a nuestros principios y valores de familia, retomar lo que hacia la gente de antes, estar más apegado”.
Lleva casi un mes sin luchar, pero aguanta el encierro. “Como luchador estás acostumbrado, me he quedado sin luchar más de un mes por lesiones. Así que no me desespero”.

Y el tiempo a solas, también le ha permitido valorar el camino andado, recordar sus inicios, como Brazo de Plata Jr. y Kronos. “Significaron mucho, con ellos me fui acoplando al estilo de lucha nuevo, en una transición de entrenar con gente como Emilio Charles Jr., Cien Caras, Lizmark y el Satánico, a algo diferente, más divertido, me gusta que la gente se olvide de sus problemas y hacerla reír”.

Trece años han pasado desde que Psycho Clown llegó a su vida, “iniciando desde abajo, nadie nos ha regalado nada, empecé en una lucha de regalo. Con Murder y Monsther hicimos un equipo que nos marcó, nos llevó a crecer como personas y profesionales

Un personaje que le quedó perfecto, “porque soy muy parecido a la energía que tiene, me lo dicen desde que empecé”. Con él ha vivido todo y ha aprendido a lidiar con la peligrosa fama. “Me llevo bien con ella, me encanta que muchas veces no sepan quién soy, me han reconocido por mi voz y mi cuerpo, pero no me la paso diciendo que soy luchador, soy reservado. Orgulloso de mi profesión pero respeto mi máscara”.

Eso sí, no se ha salvado de ‘perder el piso’. “Todos cuando somos jóvenes creemos que el mundo está hecho solo para nosotros, el ego crece y cuando era Brazo de Plata Jr. perdí la cabeza y llegué a escuchar a las personas incorrectas, perdí amistades valiosas, fue cuando me di mis topes y cabezazos, hasta que la vida me hizo reflexionar sobre eso y tuve que cambiar”.

Un mascarero (Rafa), en la extinta arena Isabel de Cuernavaca, lo bajó de su nube. “Me dijo que había cambiado mucho, que esa no era mi esencia; me di cuenta de que tenía razón, que no era yo, que yo siempre había respetado a las personas, siendo positivo, me enseñó mucho, no tenía nada y me pasó eso, qué podía esperar si me volvía exitoso”.
Psycho le ha ayudado a amarlo, a meterse más dentro de la lucha libre, a reconocer a los aficionados y su pasión. “Era algo que veía cuando la gente se acercaba a mi padre (Brazo de Plata). Me ha enseñado a apasionarme más, a entregarme con la afición, soy alguien muy emocional y eso me hace respetar y saber que gracias a la lucha libre hay mucha gente viviendo”.

Así que no lo duda. “Psycho ha siso una apuesta que me dio lo que esperaba, quería llegar a este nivel. Ahora, más maduro, creo que lo he logrado sin prisa, con tropiezos, paso a paso. Y voy por más éxitos“.