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Imperdonable fracaso

Cruz Azul deberá llenarse de plena sabiduría y sobre todo reflexión para obtener una buena enseñanza del fracaso

El Universal/Inés Sainz

Ya lo decía el afamado literato inglés, Charles Dickens: “Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender”. Pues bien, hoy es el momento en el que Cruz Azul deberá llenarse de plena sabiduría y sobre todo reflexión para obtener una buena enseñanza del fracaso; sí, leyeron bien, el fracaso que significa estar prácticamente fuera de la Liguilla.

Y es que la palabra anteriormente mencionada puede leerse con un tinte dramático que incluso muchos podrían interpretar con cierta exageración o como un arrebato, pero lo cierto es que este equipo se ha fallado a sí mismo, a sus colores, a su escudo y también a su institución, a su pasado triunfador, a su presente esperanzador y a los miles de aficionados que hoy reviven sentimientos encontrados de tristeza y rabia por ver a los suyos culminar un torneo más sin el título, y peor aún, con las manos casi vacías de Fiesta Grande.

Si bien todavía queda una luz en el camino, un pequeño rayo que lleva consigo la más remota posibilidad de concretar el milagro que lo deje vivo en sus aspiraciones, hoy por hoy luce desalentador lo que hasta ahora ha construido esta escuadra: Un torneo sumamente irregular con un rendimiento de 11 unidades por debajo del líder; un doceavo lugar en la tabla general que apunta a terminar cuesta abajo; más derrotas que victorias y empates; el peor rendimiento en casa ajena y el orgullo herido de la dolorosa derrota ante uno de los más importantes rivales como lo es Pumas.

Algo así como encontrar el tesoro al final del arcoíris es lo que tendría que pasar para que los celestes no tengan que ver la Liguilla a través de un televisor –lo que significaría la duodécima vez que lo harían-; es decir, tendrían que vencer por primera vez como visitante en el certamen teniendo como rival a los Leones Negros y además de ello, esperar una escandalosa combinación de resultados.

Hay quienes opinan que Cruz Azul no fue capaz de vencer a los universitarios para mantenerse con aspiraciones, pero más bien creo que este equipo no fue capaz de vencer sus propias barreras, de quitarse de encima sus propias limitantes, y en conclusión, no fue capaz de equilibrar la balanza a su favor no sólo contra Pumas, sino a lo largo de todo el certamen.

Éste es un duro golpe, tal y como lo admitió Luis Fernando Tena, quien sabe mejor que nadie que es de estas situaciones de donde nacen los verdaderos guerreros y para La Máquina no todo está finalizado.

¿Qué sigue? Renacer, resurgir, cambiar el chip a partir de la siguiente semana y prepararse a conciencia para lograr lo que ningún otro equipo mexicano ha hecho antes, tener una digna y convincente actuación en el Mundial de Clubes que se jugará en diciembre próximo. Sus jugadores tienen el potencial, pues nadie les regaló el honor de representar a nuestro país en dicha justa, se lo ganaron con esfuerzo y empeño. No siempre los tropiezos son malos, al contrario, estoy segura que esto servirá para que el equipo se fortalezca.