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Escuela de virtudes sociales

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El deporte posee todas las ventajas propias del juego, pero también es una aventura donde se entrelazan lo lúdico, lo formativo y lo agonal

Por Javier Vargas/ El Universal

El deporte posee todas las ventajas propias del juego, pero también es una aventura donde se entrelazan lo lúdico, lo formativo y lo agonal. Por eso ha trascendido en el tiempo y forma parte de la cultura de todos los pueblos. Para la sociedad en general, pero sobre todo para niños y jóvenes, las grandes figuras del deporte representan la realización de un esfuerzo y la capacidad de alcanzar el éxito.

Esto despierta no sólo admiración sino deseos de imitarles. La psicología dice que a edades tempranas el descubrimiento del yo, el afán por competir y los anhelos de triunfo, forman parte de la búsqueda de identidad. Por eso los muchachos eligen modelos a seguir, los que muchas veces recaen en personalidades del deporte. Si en algo están de acuerdo los especialistas, es en reconocer la influencia que tienen los deportistas exitosos en la formación de los gustos y aficiones de los niños y jóvenes. La admiración por los triunfadores es algo natural y sano, pero suele ser nociva si se convierte en idolatría.

El historiador y filósofo escocés Thomas Carlyle (1795- 1881) dijo: “Nada levanta tanto al hombre por encima de las mezquindades de la vida como admirar, sea lo que sea o a quien quiera que sea… Es bueno admirar a los que han triunfado, pero no hay que rendirles culto como si fueran distintos a nosotros. Usted puede también obtener triunfos como ellos. Ellos creyeron que podían obtener lo mejor y lo obtuvieron. Observe cómo son las actitudes de las personalidades triunfadoras, son actitudes positivas, creyeron que el éxito era posible y fue posible, en eso es en que sí son superiores…”

El deporte tiene muchas maneras de forjar el carácter. Lo que más atrae es el temperamento triunfador de sus protagonistas. El deseo de ser como ellos y lograr sus éxitos, suele determinar ciertos rasgos personales e incluso, proyectos de vida. El filósofo alemán Arthur Schopenhauer (1788- 1860) dijo: “La personalidad del hombre determina por anticipado la medida de su posible fortuna”.

Muchas cualidades personales se adquieren entre los 9 y los 12 años de edad. Es cuando se afincan virtudes y defectos. Algunos surgen de la admiración, otros, del deseo de superación. Entre las actividades que más influyen en esta etapa destacan los deportes de equipo. Según el educador José María Cagigal, “Basta oír las narraciones que los mismos muchachos hacen de las incidencias de un partido, basta adentrarse en la vida interior de cualquier sociedad deportiva, para convencerse de que late ahí, inconsciente y espontánea, una auténtica escuela de virtudes sociales”.