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Olvidan presión en Día de Reyes

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Chivas comparte la tradicional rosca con su afición, a unos días de su debut en el Clausura 2016 vs. Veracruz

El Universal

El entrenamiento ha terminado. Es hora de olvidar el césped, al menos por un rato. Es tiempo de privilegiar el lado humano y hacer a un lado el futbolístico. Es Día de Reyes y el Guadalajara comparte con sus aficionados, en las instalaciones de Verde Valle, la tradicional rosca, acompañada de chocolate caliente.

Carlos Salcido es el primero que se acerca. Toma el cuchillo y parte el pan. Se ríe cuando se da cuenta que no le ha salido el niño Dios. Voltea hacia las cámaras: “¡La libré!”, dice entre carcajadas. Se le nota de buen humor, a pesar de que durante la semana, ha sostenido pláticas con el técnico Matías Almeyda. Aparentemente, el veterano ya no será titular.

Llega enseguida Oswaldo Alanís. El defensa central se ha reintegrado a los entrenamientos, recuperado ya de una lesión. No parte sólo
su trozo. Va separando varios de la rosca y los reparte entre los niños que lo contemplan. Hay pan para todos en Verde Valle. También les entrega chocolate.

Uno a uno, continúan con la celebración. Hedgardo Marín y Jair Pereira se “salvan” también de encontrar una figurita en su pan. No les tocará pagar el asado que ha acordado el plantel rojiblanco. Edwin Hernández no corre con la misma suerte. El ‘Aris’ sí se topa con un niño Dios y ahora debe una comida al grupo.

Es un momento que los aficionados disfrutan. Los niños se encuentran junto a la mesa del pan, al lado de los propios futbolistas. El resto de los seguidores se ubican detrás de una cerca. Los jugadores parten trozos de rosca y se acercan a ellos para llevárselos, servidos sobre una servilleta.

Hay sonrisas en Verde Valle. Faltan pocos días para el debut ante Veracruz en el Torneo Clausura 2016. El plantel tiene plena consciencia, porque el ‘Pelado’ Almeyda insiste en que no lo olviden, que este semestre se juega el descenso. Sin embargo, hoy todo se olvida por un momento, para convivir con su gente.

No todos los niños están junto a la rosca. Una bebé se ha quedado del otro lado de la cerca. Omar Bravo acude en busca de ella. La pide con los brazos. Se la lleva cargando. Toma su pequeña mano para ayudarla a partir el pan. Juntos, cortan el pedazo que comerá. Labor de equipo. Porque de eso se trata este día: de unirse a los aficionados.

Y no es que el trabajo haya sido ligero. Todo lo contrario: la intensidad ha sido característica de toda la pretemporada. Pero al menos por un rato, el 6 de enero ha permitido al Rebaño Sagrado olvidar la presión, darle espacio al lado humano y compartir con su afición una rosca de Reyes cargada de ilusión.