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Fernando Torres sella un triunfo al trote

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Atlético de Madrid gana 1¬0 al Getafe, en la J24 de la liga española

El Universal

Una fugaz aparición de Fernando Torres en el primer suspiro del partido ante el Getafe, bastó al Atlético de Madrid para sumar tres puntos en el Coliseum Alfonso Pérez, donde el cuadro de Diego Simeone ofreció una pobre imagen con la que sumó tres puntos vitales para seguir la estela del Barcelona

Un minuto y un segundo. Eso es lo que necesitó el conjunto rojiblanco para sacar los colores a los jugadores del Getafe, que llegaron a la cita muy aleccionados por Fran Escribá para no salir dormidos en la primera parte, un periodo en el que ha perdido muchísimos puntos. De hecho, es el equipo que más goles ha recibido de todo el campeonato en los 45 minutos iniciales.

También les avisó en la jornada anterior, ante el Málaga, pero no sólo recibieron un tanto, encajaron hasta tres. Y, seguro que cuando Escribá vio al belga Yannick Carrasco cabalgar por la banda izquierda casi cuando sonó el pitido inicial, no imaginó que sus jugadores fueran a caer en el mismo error por enésima vez.

Pero sus pensamientos positivos se fueron por el desagüe en cuanto vio a Fernando Torres rematar casi en la línea de la portería de Vicente Guaita el centro de Carrasco. Solo, sin nadie que le cubriera, dándose un paseo por el área del Getafe, el delantero del Atlético abrió el marcador con una tranquilidad pasmosa.

Los jugadores de Escribá incumplieron las órdenes de su entrenador y se metieron en un lío. Si abrir la defensa del Atlético es algo muy complicado, se convierte en una odisea hacerlo cuando desde el minuto uno vas por detrás del marcador. Y eso fue lo que le pasó al Getafe, que, excepto un disparo manso de Pablo Sarabia, en la primera parte no inquietó más al guardameta Jan Oblak.

Mientras, el Atlético vivía muy cómodo, casi jugando al trote. Sólo necesitó echarse atrás, cerrarse con orden y esperar algún contragolpe para liquidar el duelo. Con ese sistema, que aburrió a medio estadio, dispuso de un par de ocasiones claras casi con los mismos protagonistas.

En la primera, Torres desaprovechó un gran pase de Gabi que le dejó solo delante de Guaita para mandar la pelota fuera de la portería del Getafe. Y, en la segunda, Carrasco, que después se marchó lesionado, lanzó un centro envenenado que acabó salvando como pudo Guaita.

Eso fue todo. No hubo más. El Atlético, con muy poco, se aprovechó de la indolencia inicial del Getafe para irse al vestuario con un 0­1 que consiguió casi sin despeinarse. Escribá tenía un duro trabajo en el descanso para rearmar a sus hombres, incapaces de encontrar huecos en una muralla muy sólida.

El inicio del segundo acto no trajo novedades. Las intenciones de ambos equipos seguían siendo las mismas. Incluso se refrendaron las ideas de ambos entrenadores. Simeone decidió no intentar aumentar el marcador y lanzó un mensaje más conservador con la salida del campo de Fernando Torres y la entrada del argentino Matías Kranevitter para sujetar aún más el duelo.

Con esa idea iba a morir el Atlético, que, sin embargo, pudo hacer el 0­2 en el último suspiro en una ocasión clamorosa fallada por Angel Correa, y que jugaba con fuego. En cualquier momento, en cualquier jugada aislada, podía llegar el empate. Escribá esperaba un milagro, porque para eso estaba la tarde, para milagros. Era imposible ver un disparo a portería. Y, por eso, sacó al campo a Stefan Scepovic y al eléctrico Wanderson en busca de una solución.

Sin embargo, ésta no llegó. El reloj siguió su camino, la nevera del Coliseum Alfonso Pérez no acogió nada interesante y el Atlético, gracias a ese minuto y un segundo de caraja azulona y a la aparición de Torres, consiguió tres puntos con los que mantenerse en la segunda plaza y seguir la persecución del Barcelona. Todo lo hizo al trote, a medio gas