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América viene de atrás y golea al Impact de Montreal para ganar la 'Concachampions' y obtener el boleto al Mundial de Japón

El Universal

Cuando más oscura estaba la noche, las Águilas encontraron la luz y el camino a Japón.

América es monarca de la Liga de Campeones de la Concacaf. Se impuso 2-4 al Impact de Montreal (global de 3-5), con tres tantos de Darío Benedetto, con lo que gana también el derecho a disputar el Mundial de Clubes, a realizarse en Japón el próximo mes de diciembre.

Gustavo Matosas, técnico americanista, de esta forma cumple con uno de los objetivos trazados por la directiva y también apaga, un poco, la crisis constante con la que vive desde su llegada a Coapa, donde su sistema de juego no ha sido del todo aceptado por sus futbolistas, que tampoco han conectado con la tribuna.

América iguala así en título ganados al Cruz Azul. Ambos equipos acumulan seis galardones, tomando en cuenta los torneos anteriores, cuando no ostentaba el nombre de Liga de Campeones de Concacaf.

Además, los clubes mexicanos desde 1996 han dominado este torneo, coronándose (con esta de las Águilas) por décima ocasión consecutiva.

América apaga así algunas dudas, tranquiliza crisis y Matosas al fin podrá respirar tranquilo, cuando menos hasta el próximo sábado.

Después de un inicio en extremo incierto, con un gol en contra de Romero, que coronó un pésimo primer tiempo del conjunto mexicano, para el segundo lapso el Águila desplegó sus alas y simplemente con calma y contundencia demostró fue infinitamente superior al equipo de la MLS, que tuvo un día de suerte en el Azteca, que no se prolongó a Montreal.

La cancha sintética y sobre todo el nerviosismo con el que saltó el América a la cancha, fueron su peores enemigos. Los primeros minutos fueron una pesadilla para los mexicanos, que afectados por el césped sintético tardaron en adaptarse a las condiciones y en ese lapso el Impact tomó ventaja.

Ignacio Piatti, de quien se dice tiene un pie en el futbol mexicano, volvió a arrastrar por toda el área americanista a Pablo Aguilar, para servir el balón a Andrés Romero, quien abrió el marcador. Era apenas el minuto 7.

De ahí, el juego se volvió en una batalla de fallas y patadas. Ambos equipos se dedicaron a pegar, a reclamar al árbitro dejando el futbol para más tarde, mucho más tarde.

América por mejor nivel, llegó a tocar la puerta. Benedetto, en plena área chica, sin portero enfrente, mandó el balón al larguero… Lo peor se presagiaba para los de Coapa.

Darwin Quintero vivió un pésimo primer tiempo, siendo señalado como el principal culpable de la desventaja transitoria, de la cual no se veía un buen regreso.

Llegó el segundo tiempo. Sólo era cuestión de tranquilizarse para que las aguas volvieran a su nivel. Gustavo Matosas reacomodó a su equipo y éste le respondió con creces.

América comenzó a poner la pelota al césped, comenzó a jugar y pronto vinieron los dividendos. Apareció Darío Benedetto. El ‘Pipa’ se levantó en el área para rematar de tijera y empatar el marcador. El empate a uno, el dos a dos global, mandaba el juego a penaltis, pero América no se conformó con eso y el Impact no tuvo poder de reacción.

Las Águilas cambiaron de plumaje, hasta Darwin recordó como jugar y el festival se echó a andar.

Quintero le puso un “bombón” a Oribe para meter el segundo (64’). América ya tenía el trofeo en sus manos.

El Impact ya no supo qué hacer, ya no supo cómo contrarrestar la reacción americanista. Los goles cayeron por racimo y Benedetto se vistió de figura.

Vino un centro de Samudio y otro remate espectacular del argentino (65’). Los canadienses ya no veían por donde llegaba la marea azulcrema.

Hasta las patadas, tan presentes en la primera parte, desaparecieron. El ‘Pipa’ anotó su tercero (80’) y el Impact, en un intento desesperado de McInerney, puso el marcador más honroso (88’).

Gustavo Matosas cumple y paradójicamente disfruta. Cuando dirigía a León, fue eliminado en la primera fase de este mismo campeonato, meses después, con América, es campeón.

Y despliega sus alas, en todo su esplendor hacia Japón. Redacción