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Gimnastas estadounidenses devoran su primer oro

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Jamás cinco rostros de niña inspiraron tanto temor a las adversarias

RIO DE JANEIRO, Brasil.­ El equipo de gimnasia de mujeres de Estados Unidos le dio a la entrenadora Martha Karolyi el comienzo de una despedida digna en las finales olímpicas el martes por la noche al ofrecer toda una exhibición de clase y precisión.

 

Su evaluación total de 184,897 fue ocho puntos superior a la de Rusia, que ganó la medalla de plata. Toda una paliza que hasta el “Dream Team” de Michael Jordan hubiera envidiado.

 

El segundo título olímpico consecutivo de las estadounidenses, y tercero global, nunca estuvo en duda. Desde el momento en que Laurie Hernández clavó su salto inicial hasta el ejercicio de suelo final en que Simone Biles desafió los límites, el equipo de Estados Unidos realizo una exhibición que demostró lo lejos que le quedan el resto de las rivales.

Es una distancia que Karolyi creó desde la nada al tomar el relevo de su esposo Bela en 2001 y convertir el programa estadounidense en una potencia.

La entrenadora de 73 años se retirará tras los Juegos. Observando desde primera fila en la arena olímpica de Río y enfundada en un chándal rojo, Karolyi contempló el desenvolvimiento del que quizás fue su mejor equipo, sin mostrar el menor atisbo de presión.

Quizás sea porque para Hernández, Biles, Gabby Douglas, Madison Kocian y Aly Raisman, las competencias representan la parte divertida de sus trabajos. Las pruebas más duras ocurren en silencio durante las sesiones de entrenamiento que Karolyi supervisa a detalle. Cuando los focos se encienden, llega el momento de soltarse.

Biles admitió que había presión antes de los preliminares del domingo, aunque apenas lo pareció al lograr las estadounidenses la marca más alta por más de nueve puntos.

El único momento tenso del martes llegó pronto. Cuando el nombre de Hernández fue anunciado al público, Raisman le dio un golpe y le dijo que saludara, cosa que hizo la joven de 16 años y de raíces puertorriqueñas, con sonrisa radiante.

Apenas cinco minutos después, la integrante más joven del equipo de Estados Unidos andaba por faena. Su Yurchenko de doble contorsión puso la maquina en movimiento. Raisman, quien ganó tres medallas en Londres cuatro años atrás y parecía estar más fuera que dentro del equipo en primavera, siguió con el que quizás fue el mejor salto de su dilatada carrera.

Cuando Billes clavó su Amanar y registró 15.933 —la puntuación más alta de la noche — Estados Unidos ya mandaba en el marcador

Y pese a ello, ganar no basta para Karolyi y su equipo. Hace tiempo que dejó de medir a las estadounidenses respecto a las demás. Karolyi quiere que no exista el menor rastro de duda. Y no lo hubo

El equipo pasó por 28 rotaciones a lo largo de dos días de competición, como los siete finalistas restantes. Pero, al contrario que las demás, las estadounidenses no resbalaron de las barras, y no brincaron de las vigas de equilibrio.

Esa habilidad a la hora de evitar errores cuando realmente cuenta ejerce como verdadero testimonio de la meticulosa preparación de Karolyi. Tanto como la dinámica e inigualable gimnasia que practican sus pupilas.

Aunque el oro jamás estuvo en duda, uno nunca se habría dado cuenta viendo a Karolyi. Agarró la barra blanca frente a ella durante la rutina de suelo de Biles, asintiendo con cada una de las piruetas que desafiaban la ley de la gravedad.

Rusia, que tuvo en duda su participación en los juegos hasta solo días antes de la ceremonia inaugural mientras el Comité Olímpico Internacional y las federaciones evaluaban posibles castigos por un escándalo nacional de dopaje, ganó la plata. China se llevó el bronce.